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Aquí huele a camello!

En mi pasado articulo daba la bienvenida a 2012. Eran los primeros días del año. Días en que los protagonistas son los mas pequeños, la ilusión y la ingenuidad. Ambas cualidades necesarias para poder llegar a ser feliz. Son días de oportunidad para aprender a creer en que lo que imaginamos puede ser real, porque alguien nos ayudara a hacer real un sueño. Son días de manifestar esperanza, y de algún modo en este tiempo que vivimos hemos matado el aspecto mas valioso del espíritu de esos días. La capacidad de creer que es posible lo imposible. Y señores y señoras eso, lo imposible, se lo digo yo, no existe.

El pasado lunes, pasados los días de ilusiones y de regalos muchos niños y jóvenes y otros no tanto empezamos las clases. Para los que no lo sepan doy clase a chicos y chicas de 5 de publicidad. Es para mi nutritivo hacerlo.

Y cada año descubro y confirmo que son seres llenos de fuerza, ilusión, y capacidad de transformación del entorno. Compruebo su corazón joven, su capacidad de responder a los retos, su hambre de otros discursos. De que les digamos la verdad: que la vida no es fácil, pero que ese es su gran valor. Que podemos mejorar el mundo mejorando nosotros, que no hay nada imposible, que hemos de comprometernos, perder el miedo, soltar las cadenas, sentirnos responsables, comprometernos con la solución a los problemas que vemos, que sin respetarnos a nosotros mismos no podremos respetar a los demás.

Que en la vida hay víctimas y líderes. Las víctimas se quejan , culpan a otros, son como agujeros negros que roban energía y que impregnan el mundo de negatividad. Que los líderes son sin cargo, ni prebendas, son gente positiva que siempre busca el lado bueno de las cosas que les pasan, que es valiente y se enfrentan a la incertidumbre con una sonrisa y la confianza en que solo es necesario exigiese a uno mismo y no desfallecer.

Les digo, la humanidad solo tiene dos salidas y se nos esta acabando en tiempo. Estamos en tiempo de cambio profundo, tiempo donde la incertidumbre es la norma. Y en tiempos de incertidumbre todos buscamos seguridad.

Para tener seguridad solo hay dos caminos, la competencia personal , la autonomía generosa y comprometida o los líderes carismáticos que terminan en dictadores de todo tipo, de izquierdas, derechas, religiosos o agnósticos.

Necesitamos líderes. Lideres, en el concepto indoeuropeo de la palabra, que vean lo que otros no ven y nos muestren el camino. Pero cada uno ha de andar su propio camino.

Líderes que entiendan que el poder se gana entregando y capacitando a otros para que se multiplique lo bueno. Como dice mi madre ” el que más es, es el que más debe dejar de ser”.

Un líder es exigente con el mismo, disciplinado, generoso y justo, trabaja sus talentos y los reparte, eso es lo que nuestros jóvenes nos piden. La verdad y que les exijamos, que saquemos de ellos lo mejor aunque les duela. Que les digamos que la felicidad no es todo alegría y diversión, y que eso que nos conduce a eso nos convierte en piltrafilllas manipulables.

La felicidad es una vida rica, plena y llena de sentido. Y el camino que nos lleva a ella no siempre es fácil y alegre.

Vivimos tiempos en que por cobardía ponemos soluciones que se convierten en parte de los problemas. Y la causa de ello es nuestro propio miedo. Y creamos círculos viciosos que nadie se atreve a romper. El otro día una alumna me dijo, eso que has dicho es una frase de una película de Spiderman. Me gusto porque no he visto esa película. Y pensé que si con mas de 50 hablo como un héroe de un cómic, estoy en el camino correcto.

Gracias niños, jóvenes y ingenuos y soñadores de ambos sexos. Tenéis que multiplicados y viralizaros. Podemos y queremos cambiar para mejor. Y eso solo lo podemos hacer entre todos y juntos. Así que todo lo que separa no vale.

Una persona muy querida para mi me contó una vez que su hija cuando llegaban esos días previos a Reyes decía con ilusión, aquí huele a camello. Y ella lo olía, olía lo que no veía y quizá ni conocía. Era sabia y expresaba así lo que nunca deberíamos de perder con la edad, la ilusión y la esperanza de hacer que nuestros sueños se hagan reales. Y para eso es necesario creer.

Cada vez que tengan la tentación de rendirse, negativizarse o amargarse cierren sus ojos y sientan el olor de los camellos. Dejaran de verlo negro, dejaran de sentir miedo y comenzaran a ser protagonistas de sus vidas.



escrito el 16 de enero de 2012 por en Preguntas que me hago

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